“LA TNUA ENTRE LÍNEAS”: ¿CUÁL ES LA ESENCIA QUE NOS CARACTERIZA, Y NOS IMPULSA EN NUESTRO CAMINO EDUCATIVO?

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Tomás Pollak, Rosh Jinuj Dromi del Majón Virtual 2020.

El 2020 ha puesto frente a nuestras Tnuot un gran desafío. Hemos tenido que redefinirnos, repensar lo que es una Tnua, y debimos adaptarnos al medio virtual, el cual se volvió la base de nuestra subsistencia y nuestro activismo. Ciertamente, nos encontramos frente a muchos obstáculos, tuvimos que entender ciertos límites que nos da el medio virtual, pero también es innegable que la cuarentena frente a la pandemia del COVID-19 nos ha traído, como movimientos educativos, varias grandes oportunidades. A través de este escrito, me gustaría enfocarme en la mayor oportunidad que nos ha traído el marco dentro del cual nos encontramos actualmente: la de definir nuestra esencia, y marcar a partir de la definición un camino claro por medio del cual guiarnos hacia la visión a la que apuntan todas nuestras Tnuot. Para definir la esencia, en primer lugar, debemos hacernos la siguiente pregunta: ¿Qué es aquello inter-temporal e intangible que nos caracteriza como Tnuot Noar?

Durante el siglo en el cual ha existido Hanoar Hatzioni, cuyo destino fue heredado por la actual Familia Hanoar Hatzioni, hemos atravesado muchos cambios. Cada una de nuestras Tnuot surge como un sueño llevado a la realidad por personas que, en la mayoría de los casos, ya no forman parte de las mismas. Además, en muchos casos, el Ken en el cual comenzó todo no es el centro actual de peilut. Incluso nuestras ideologías se han modificado, frente a un mundo en continuo cambio. No es casualidad que nos identifiquemos como “movimientos”, constantemente estamos evolucionando, mejorando, y creciendo en todo sentido. Dentro de un contexto de tanto cambio, ¿Cuál es nuestra esencia entonces?

Para poder encontrar a la esencia de nuestras Tnuot, no podemos simplemente ver un sábado de Ken e interpretar qué es aquello inter-temporal e intangible, debemos leer a la tnua “entre líneas”. ¿Y qué herramienta puede ayudarnos con este objetivo? En el marco de la Veida Jinujit de 2015, se presentó un modelo que actualmente conocemos como la “Red Conceptual”, a través del cual podemos entender a la esencia tnuatí, y su traducción en el día a día de nuestras tnuot. La Red Conceptual plantea a la esencia como un producto de la “Concepción de Mundo” que nos caracteriza, siendo esta la forma en la cual interpretamos al mundo, o aquellos lentes que nos ponemos por medio de los cuales podemos entender nuestras realidades. La Concepción de Mundo está formada por una serie de valores que nos caracterizan, mismos que se encuentran dentro de lo que conocemos como el “ADN Tnuatí”, y es mediante estos valores que llegamos a la meta máxima de nuestras tnuot, la “Visión”, que constituye una utopía en la cual todos los valores que nos caracterizan, a través de los cuales interpretamos al mundo, se ven realizados en el mundo. Así, el consolidar esos valores es el punto al que buscamos llegar, y los valores son lo que construye nuestras realidades también.

Nuestra esencia son esos valores, que nos han caracterizado durante casi un siglo, y el impulsarnos hacia la visión constituye una base de todas nuestras Tnuot, nosotros mismos y nosotras mismas. El cuestionamiento que queda es: ¿Cómo llegamos a aquella visión?

Siguiendo el razonamiento de la Red Conceptual, para comprender el camino hacia la visión debemos entender el trasfondo que nos caracteriza como Tnuot, y las figuras que nos llevarán a la trascendencia tnuatí. El trasfondo puede ser entendido por medio de dos conceptos: la Ideología, y la Concepción Educativa.

Por un lado, la Ideología es aquel set de ideas que, como Tnuot, nos ayudan a llevar a todos aquellos valores que nos caracterizan a una realización en el mundo de forma práctica. Así, por medio de nuestros pilares, siguiendo a nuestras fuentes de inspiración, y planteando un Tojnit claro, nos impulsamos hacia la visión, traduciendo a la esencia en ideas. Dentro de la Ideología se encuentran dos conceptos muy importantes que debemos tomar en cuenta: la misión y los objetivos. Para llegar a la visión, primero debemos pasar por una misión que sea realizable dentro de nuestro ciclo tnuatí, como sucede con la Hagshama Atzmit en la mayoría de los casos. Además, es importante entender que no podemos solamente quedarnos en la misión, sino que existen ciertos objetivos que nos impulsan hacia nuestra visión, mismos que funcionan como escalones que nos llevan a la utopía que buscamos. Así, la Tnua es un primer paso dentro de un gran proceso, un proceso esencial. Si vemos a la visión como un punto final, y buscamos generar un camino por medio del cual llegar a ella, podemos concebir a la Ideología como el pavimento que atravesamos, el cual marca el destino.

Por otro lado, la Concepción Educativa existe como aquel marco en el cual decidimos tomar acción. Como Tnuot Noar, decidimos que la ruta hacia el cambio es la educación, pero no cualquier tipo de educación. Dentro de nuestras Tnuot, tenemos tres factores cardinales que nos guían en nuestro sendero educativo. En primer lugar, decidimos educar y no adoctrinar. Además, tomamos como medio específicamente a la educación no-formal; y, en tercer lugar, brindamos una educación que se basa en cuatro conceptos: “actuar, vivenciar, aprender y soñar”. Los tres factores cardinales de nuestra Concepción Educativa no son simplemente el camino más simple hacia la visión, sino que son también una traducción directa de nuestra esencia en ideas, ideas que nos llevan a una práctica específica. Así, la Ideología y la Concepción Educativa se asemejan en muchos sentidos, principalmente en relación con la esencia, de la cual se desprenden. Siguiendo con la metáfora del camino, podemos concebir a la Concepción Educativa como la ruta que seguimos, misma que se diferencia de otras miles de rutas posibles, y nos impulsa específicamente hacia nuestra visión. Así, juntando al pavimento formado por nuestra Ideología, con la ruta que nos presenta nuestra Concepción Educativa, llegamos a un derej (camino) que nos guía hacia la visión. ¿Y qué nos falta?

Por supuesto, debemos tener a alguien que transite el camino, alguien que genere una trascendencia, y acá es donde entra la importante figura del/a Madrij/a. Antes de hablar de esta figura, sin embargo, debemos entender, ¿Qué la ayuda en su travesía por este derej?

Un concepto del que hablamos muchos en nuestras tnuot, pero al que no le damos mucha explicación, es el concepto de “Hadraja”, mismo que se puede explicar como el set de herramientas que, en nuestro camino como Madrijim/ot, nos ayudan a ser grandes guías. La Hadraja está dividida en dos figuras: la figura del/a Mejanej/et (educador/a) y la figura del/a Manhig/a (líder). Cuando se juntan ambas figuras, se obtiene la base con la cual transita el derej el/la Madrij/a, lo cual lleva a que su cuestionamiento sea fundamental.

Las herramientas del/a Mejanej/et, en primer lugar, se desprenden directamente de la Concepción Educativa en la cual nos basamos. Por medio de las mismas logramos conectarnos con la ruta, y transmitir el mensaje de forma concreta. Herramientas como la “educación vivencial”, el “dugma ishit” (ejemplo personal), y nuestro “carácter centro” ayudan a que nuestro proceso educativo se lleve a cabo óptimamente. Estas herramientas, generalmente, se identifican y adquieren por medio de un Curso o Escuela de Madrijim/ot de forma teórica, sin embargo, están presentes a través de todo nuestro ciclo tnuatí. Por otro lado, las herramientas del/a Manhig/a constituyen todas aquellas herramientas que nos impulsan a una figura que va mucho más allá de la Tnua. Estas herramientas, entre las cuales se encuentran el trabajo en equipo, la “moratoria” y la creatividad, son adquiridas generalmente de forma muy individual, y por el simple hecho de pertenecer y asistir a una Tnua. Nuestros movimientos constituyen un marco único en el cual no solamente aprendemos por medio de las peulot explícitas, sino que también adquirimos herramientas por nuestra interacción con el marco concreto, y por medio de las experiencias que nos brinda. Así, el rol del/a líder es uno que la Tnua fomenta, y crea con su simple existencia. Consecuentemente, tenemos tanto herramientas que adquirimos de forma “teórica” como “práctica”, mismas que nos llevan a las dos grandes figuras que forman a la Hadraja. Es importante aclarar que no cualquiera con estas herramientas puede ser un/a Madrij/a, sino que se necesita de algo más: el derecho a educar. El mismo no se adquiere por el simple hecho de completar un Curso o Escuela de Madrijim/ot, sino que implica una gran predisposición a constantemente capacitarnos en pro de mejorar nuestras habilidades que nos llevan al rol del/a Madrij/a, llegando así a una capacitación constante que nos impulsa a crecer como Madrijim/ot. Además, implica asumir cierta responsabilidad en relación con el acto educativo que desarrollamos al ejercer como Madrijim/ot, y por los actores que intervienen en el mismo, entre los cuales se encuentran los Janijim y las Janijot.

Es importante aclarar que la Hadraja, siguiendo lo dicho al referirse al derecho a educar, no es una caja de herramientas que se mantiene igual a lo largo de nuestro ciclo tnuatí, ni tampoco es la misma para todos y todas. La Hadraja es un concepto altamente subjetivo, formado por muchas herramientas que hemos adquirido por medio de la vivencia tnuatí, y constantemente se expande con nuevas experiencias. La tnua nos brinda herramientas desde el momento en el que entramos hasta nuestro último día, y ciertamente estas nos marcan profundamente, siendo la tnua una gran caja de herramientas.

Cuando se adquiere el derecho a educar en conjunto con la Hadraja, puede ya hablarse de la figura del/a Madrij/a, la cual es central dentro del derej hacia la visión. La palabra Madrij se traduce del hebreo a “guía”, y es muy acorde a la función que cumple esta figura dentro del derej. Los Madrijim y las Madrijot somos quienes llevamos a la Tnua a través de este gran sendero educativo, yendo al frente del proceso hacia la visión.

El/la Madrij/a es un ejemplo a seguir, es quien mejor conoce al camino en sí, y es también quien hace al camino propio. Al final, es fundamental comprender que el derej no es un concepto externo a nosotros y nosotras, sino que el derej es construido por nuestro constante activismo, por la forma en la que guiamos, por nuestra constante búsqueda por conocerlo, reconocerlo y transitarlo. El derej está constituido por la esencia de la tnua, y la esencia de la tnua es también nuestra esencia, lo cual lleva a que el rol del/a Madrij/a no es simplemente el de guiar a otros y otras por medio de un camino que le fue indicado, sino que es el de guiar a otros y otras por medio de su propio camino, el gran camino de nuestras tnuot, que nos impulsa a la meta máxima.

Recapitulando, poseemos dentro de nuestras tnuot una esencia que nos caracteriza, y por medio de la cual construimos una visión en la cual se basa nuestro derej educativo. Además, poseemos a una figura importante, el/la Madrij/a, quien transita el derej por medio de herramientas subjetivas y en constante expansión, como un guía que vive el camino por experiencia propia, y no solamente lo comprende externamente. Ahora, el gran cuestionamiento que queda es: ¿Por qué es tan fundamental reconocer a nuestra esencia y nuestra meta máxima?

Tal y como dije al principio de este escrito, nuestras tnuot han atravesado una gran cantidad de cambios a través de su historia, algunos internos y muchos otros externos. Además, es importante entender que no por nada nos reconocemos como “movimientos”, pero, ¿Hasta dónde nos podemos mover? ¿Cómo nos mantenemos fieles a los valores con base en los cuales surgimos? Al entender a la esencia, al derej, y nuestro rol en relación con el mismo, podemos entender hacia donde debemos enfocarnos en ese cambio. Podemos entendernos mejor a nosotros mismos y nosotras mismas, al marco en el cual nos encontramos, y así podemos encontrar el correcto empalme entre nuestras identidades, y la tnua como un gran proceso. Entender a la esencia es entender la base de todo lo que hacemos, y de todo lo que somos. Así, comprender a la esencia es la clave para la identidad, y la continuidad.

A largo plazo, el conocimiento de la esencia nos llevará a no solamente mantener una educación relevante, sino que a entender cuál es el mejor medio para cumplir con nuestros ideales, mediante el conocimiento de los fundamentos de los ideales. Conocer la esencia, es formar identidades fuertes, provenientes del cuestionamiento, vinculadas con un pasado, y con visión a futuro. De esta forma, conocer la esencia de nuestras Tnuot es entender quiénes somos, de dónde venimos, y hacia dónde vamos, tarea fundamental para el triunfo de nuestras Tnuot, nuestros ideales, y nosotros y nosotras a nivel personal. ¿Cuál creen que es el mejor medio para comprender nuestra esencia? ¿Es relevante para ustedes? ¿Cómo nos puede movilizar?

El 2020 nos ha enfrentado a muchos desafíos, pero también nos ha dado la oportunidad de reflexionar sobre quienes somos, y hacia dónde queremos apuntar, a nivel personal y a nivel tnuatí. Otra gran oportunidad que nos brindó fue la de realizar el Majón Virtual 2020, en el cual estuvieron presentes javerim y javerot de toda la Tnua a nivel continental, constituyendo así un Majón único, del cual tuve la gran oportunidad de cumplir un sueño que tengo a nivel personal, el sueño de ser Rosh Jinuj dentro de un Majón.

El Majón nos permitió ampliar nuestros horizontes mucho más allá de lo que el contexto actual nos había ya permitido, reforzando así el gran ideal que nos guió a través de la pandemia: #LaTnuaNoPara. Además, constituyó el marco ideal para cuestionarnos nuestra esencia, que no es una esencia que solamente compartimos a nivel individual o tnuatí, sino que es una esencia que nos caracteriza como Familia Hanoar Hatzioni. Así, pudimos comprender mejor lo que nos vincula a nivel mundial, nuestra meta máxima, y donde nos encontramos en relación con la misma.

A través del Majón atravesamos un gran proceso de cuestionamiento profundo sobre nuestras realidades, leímos a la Tnua “entre líneas”, y así llegamos a entender mejor uno de los grandes aprendizajes que vienen de esta situación: nuestro potencial para adaptarnos, y mantenernos fijos sobre un gran objetivo. El Majón, ciertamente, fue muy distinto, pero fue esta distinción la que reforzó los aprendizajes que buscamos adquirir, mostrándonos así la relevancia de comprender nuestra esencia, frente a un mundo cambiante y sorprendente. Ahora, es momento de que todo lo aprendido en el Majón se lleve a una práctica, es momento de evaluar nuestras realidades, entender donde se ubica la esencia, e impulsarnos hacia la visión, el gran sueño. La figura del/a Madrij/a entra en acción, es momento de revolucionar nuestro marco educativo.

Para finalizar, me gustaría dejarles una frase que dijo el padre del sionismo moderno, Teodoro Hertzl: “Todas las acciones fueron alguna vez un sueño”. Tenemos un gran sueño que llevar a una realidad, y la acción ya comenzó, ahora nos falta enfocarnos. ¿Qué esperamos para llevar al sueño a una realidad?

¡Jazak Ve’Ematz!

Fuentes y Material Anexo:

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