Por: Yoni Meta
Desde el 17 de Tamuz y hasta el 9 de Av, Am Israel se encuentra desolado por la
prdida del templo y lo que fueron los primeros dos Estados judos. En ese sentido,
hoy por hoy nos encontramos en un momento intermedio: Israel -como pueblono se encuentra en un estado de guerra, pero tampoco la paz es completa.
Recuperamos nuestro Estado, pero estamos todava muy lejos de la profeca que
transmiti Isaas (2:4): Ningn pueblo volver a tomar las armas contra otro ni a
recibir instruccin para la guerra.
En medio de estas tres semanas que separan la cada de Jerusalem (17 de Tamuz) y la destruccin del Templo (9 de Av), se lee una Haftara en la que Irmiahu, al igual que Moshe, dice que l no es capaz de hablar con el pueblo ni mucho menos profetizar. Dios le responde con una frase muy particular: Antes que te formase en el vientre te conoc y antes de que nacieras te santifiqu, y para ms contina el texto: Yo te eleg hoy sobre los pueblos y los reinos para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar.
A simple vista, es posible resaltar que el lugar que ocuparn en la historia ambos
lderes -Irmiahu y Moshe- pareciera ser ms impuesto que voluntario. Sin
embargo, lo cierto es que toda persona, desde su creacin, est llamada a cambiar este mundo y hacer de l un lugar mejor, pero no en beneficio propio sino de las
futuras generaciones.
Hoy por hoy sabemos que la destruccin de los Estados judos fue consecuencia de la divisin interna que haba entre nosotros, y el hecho de que todos los aos
tengamos que seguir pasando por estas tres semanas, implica que todava no
hicimos lo suficiente para remediarlo. Como pueblo, tenemos la obligacin de
intentar llegar a cada Tisha Be Av renovados, sabiendo que est en nosotros no slo cambiar la historia del Pueblo de Israel, sino tambin el mundo. Como judos, nuestra historia nos llama a ser activos en cualquier lugar donde nos encontremos sin que nada nos asuste, porque sabemos que no lo hacemos por el aqu y ahora sino por nuestro futuro.
En el camino, deberemos entender dos conceptos: el primero, que necesariamente vamos a chocarnos con las dificultades tpicas que van a hacernos caer en la idea de que nada podemos lograr, slo para entender que despus de arrancar, destruir, arruinar y derribar, llega el momento de edificar y de plantar. El segundo, que todos nosotros, desde nuestra concepcin, fuimos creados con los instrumentos necesarios para cambiar este mundo, slo falta que decidamos hacerlo.
Como madrijim, y como herederos de aquellos que lideraron revueltas contra el
terror Nazi y levantaron un Estado en medio de un pantano contra todo tipo de
posibilidades, debemos asumir el desafo de edificar y de plantar hasta en los
momentos ms difciles, utilizando la educacin como instrumento principal. En
cada majane, en cada peula y en cada momento que tenemos con nuestros janijim, tenemos la posibilidad de cambiar una persona y, a travs de ello, el mundo.
Somos nosotros, los educadores, quienes debemos empezar el cambio a travs de la transmisin de nuestros valores. As como lo decimos en el Darkeinu: el madrij es pilar sobre el cual se basa toda nuestra estructura educativa . Es el ejemplo personal de nuestros madrijim y bogrim quien otorga fundamentos ticos a nuestra tarea educativa. En otras palabras, todos -en tanto madrijim- tenemos las herramientas necesarias para comenzar el cambio y darle un giro a la historia.
As, esperemos continuar con nuestra misin, para que el prximo ao podamos,
lejos de ayunar, festejar Tisha Bav, celebrando que despus de nuestro esfuerzo y lucha ningn pueblo volvi a tomar las armas contra otro, ni recibi instruccin
para la guerra









