LIDERAZGO TRASCENDENTAL: ¿CÓMO SE VINCULA LA HISTORIA DE JÁNUCA CON EL PERFIL DEL LÍDER TNUATÍ?

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Tomás Pollak, Rosh Jinuj Artzi, Hanoar Hatzioni b’Argentina

¿Cómo se empieza una revolución? Ciertamente, no es cosa fácil. Las revoluciones no surgen de forma espontánea, sino que requieren de algo fundamental: las ideas. Las causas, representadas por ideas, son tanto el origen como el motor de toda revolución. Son aquello que sustenta a una crítica que realizamos a la sociedad por medio de la cual construimos nuestra visión de un mundo mejor. Sin embargo, a pesar de su fortaleza como factores que nos llevan al cambio, las ideas no son el núcleo de toda revolución, existe una partícula más central, una parte de las revoluciones que las lleva desde simples ideas, a grandes realidades. ¿Cuál es el verdadero núcleo de las revoluciones?

Las revoluciones requieren de un factor fundamental, requieren de líderes. Las mismas no se pueden dar sin un/a conductor/a que logre focalizar al movimiento, activando en pro del motor que constituyen la causas. Los/las líderes mismos/as, en muchas situaciones, son quienes crean a las causas, y en este sentido ciertamente los y las líderes son una parte fundamental del proceso revolucionario, razón por la cual enfocarnos en esta figura es primordial para realmente comprender cómo se dan las revoluciones. Dentro de nuestras tnuot tenemos como certeza que no existe un sólo tipo de líder, sino que líderes hay de todo color. Tanto como hay líderes carismáticos que guían a los grupos de forma que sigan a sus propias causas, existen líderes visionarios, que construyen las causas en conjunto con su equipo. En este sentido, una importante pregunta que podemos hacernos es, ¿Cuál es el tipo de liderazgo necesario para desarrollar una revolución?

Quizás para encontrar al líder “perfecto” de una revolución, no es necesario abstraernos completamente de nuestra realidad, sino que podemos buscar en nuestra historia, en nuestra identidad, una respuesta que nos guíe. Bajo esta perspectiva, es interesante analizar una gran historia de nuestro pueblo, historia que se volvió un mito, una historia llena de milagros, pero también de liderazgo efectivo y trascendental, una historia con muchas lecciones que podemos aprender. A través de este Deoteinu, nos enfocaremos en la historia de Jánuca, y nos preguntaremos, ¿Qué podemos aprender sobre liderazgo de esta historia? Y más importante aún, ¿Cómo podemos vincular a sus enseñanzas con nuestra realidad tnuatí?

La historia de Jánuca comienza con la presentación de una semilla que sería la base de un gran árbol revolucionario, lleno de frutos que siguen constituyéndose como enseñanzas importantes para nosotros y nosotras, incluso dos mil años luego de estos acontecimientos.

Esa semilla serían los Macabiim, quienes se enfrentaban a un status quo que amenazaba a su propia existencia. En el Siglo II a.E.C, desde hacía varios años, el Imperio Seléucida tenía bajo su dominio al Reino de Judea, en el cual vivía el Pueblo Judío. Este reino, derivado directamente de Alejandro Magno, tenía como rey a Antíoco IV Epífanes, quien no se contentó con un dominio territorial, sino que buscaba helenizar a todos los habitantes de la región, entre ellos los judíos. Esto, por supuesto, constituyó una gran amenaza para los héroes de nuestra historia, quienes dieron vida a una crítica que derivó en una gran causa: liberarse de la dominación territorial e ideológica de los seléucidas, para así restituirse como un pueblo autónomo. Los Macabiim no solamente fueron grandes líderes, sino que también fueron grandes pioneros y pioneras, pues no se contentaban con su realidad, sino que buscaban un cambio activo, por el cual pelearían hasta la muerte en muchos casos. Así, podemos ver como de la semilla se generó un ideal, que fue impulsado por un grupo de líderes que pasarían años luchando contra un ejército muy poderoso, teniendo de su lado un arma muy potente: su gran voluntad.

Luego de grandes batallas, de grandes historias que son relatadas en varios escritos históricos y bíblicos, finalmente nuestros héroes triunfaron, y se restituyó durante 100 años un gobierno autónomo judío en la zona de Judea, que sería dominado por un grupo de personas con las cuales estamos muy familiarizados/as en nuestra tnua: los Jashmonaim. Dando un paso atrás, podemos recordar el momento de la historia en el cual los Macabiim lograron volver a Yerushalaim y entraron al Templo que, aunque saqueado, se encontraba lleno de un espíritu, status quo y esperanzas nuevas.  Esperanzas que se vieron reflejada en el aceite con el cual encendieron de nuevo la Menorá, pudiendo no solo tener una jornada milagrosa, sino, además, ocho días en los cuales se comprobó que la lucha dio sus frutos, y que, más allá de los milagros, había muchos sueños en el Templo que se estaban volviendo realidad, minuto a minuto.

Ciertamente, Jánuca es una historia muy inspiradora, y los Macabiim fueron exitosos con su gran liderazgo. Pero, ¿Qué fue aquello que hizo que la historia fuese la de una victoria, y no una catástrofe? ¿Cuál es el factor que llevó a los Macabiim al éxito como líderes? Para responder a esta pregunta, haré un análisis en distintos niveles, por medio del cual buscaré deconstruir al liderazgo de los Macabiim, logrando así sacar conclusiones respecto al perfil del líder tnuatí. Este análisis se basa en seis fases que serán discutidas de forma individual para llegar a conclusiones al final del ensayo: ADN e Identidad, Crítica, Causa, Construcción del Líder, Activismo Social y por último Éxito y nuevos comienzos.

A continuación, indagaremos sobre estas seis áreas de interés.

ADN e Identidad

¿Cuál es el elemento nuclear que define al líder o la líder trascendental?

Mientras que generalmente encontramos respuestas como “es la causa que defiende”, o “son las herramientas que lo/la constituyen”, la realidad es que existe una partícula aún más pequeña que está presente en todas las acciones del/a líder, como aquello que lo/la guía en el camino que funge como si fueses el hilo conductor que conecta a toda su trayectoria. ¿Cuál es esta partícula tan fundamental?

La raíz de todo líder, al igual que con nuestras tnuot, es una base fuerte constituida por un ADN, que posee valores por medio de los cuales formamos identidades. El ADN se puede comprender como el conjunto de valores por medio de los cuales cada individuo o institución visualizan de forma única al mundo. De este modo, no es lo mismo ver al mundo desde una perspectiva de igualdad, que, desde la libertad o desde una unión entre ambos conceptos. Los valores son el factor determinante para toda nuestra realidad, pues a partir de los mismos no solamente construimos nuestra realidad, sino que nos formamos y actuamos en consecuencia. En otras palabras, los valores del ADN son a su vez la partícula fundamental con la que construimos nuestras identidades, que constituyen a su vez, una vivencia pragmática. Nuestra forma de ser, con quienes nos relacionamos, nuestras características, e incluso nuestro nombre e historia en cierto punto, se encuentran todos determinados por aquellos valores que nos guían en nuestras acciones, en nuestras relaciones, en nuestras personalidades, y en nuestra pertenencia a un grupo social específico como puede ser el Pueblo Judío. Por medio de los valores, por ejemplo, podemos comprender a nuestro judaísmo de una forma abstracta pero fundamental, como un sistema ético que funciona como común denominador con quienes nos rodean. En este sentido, los valores, que se derivan en nuestras identidades, son clave para comprender quienes somos, y hacia dónde vamos.

Ahora, ¿Cómo se relaciona esto con el liderazgo? Cuando analizamos la historia de Jánuca podemos ver que aquello que poseían los Macabiim, y a lo cual no estaban dispuestos a renunciar de ninguna manera, era a sus identidades, basadas en un sistema de valores (ADN común). Al defender su causa, estaban defendiendo su judaísmo, su estilo de vida, sus personalidades y su historia, factores fundamentales que los/las conectaban entre sí y con miles de generaciones anteriores y posteriores. Así, podemos ver que las causas que defenderían luego, se desprenden directamente de este núcleo fundamental básico (ADN e Identidad) de cada líder, a partir del cual se establecen sus causas. Por medio del ADN construimos nuestra realidad, incluidas las causas por las cuales luchamos, y antes que ellas las críticas a la sociedad, que son el puntapié que da paso a la figura del líder. Ahora, debemos cuestionarnos, ¿Qué es esa crítica de la que estamos hablando? ¿Cuál es el rol de la misma en el proceso de formación del/a líder?

Crítica

Un sistema de valores claro, acompañado por una identidad que constituye la base de toda nuestra vivencia, es lo que nos permite ver el mundo con unos lentes distintos a todos los demás individuos. Estos lentes no solo nos constituyen, sino que también son un medio para comprender la realidad e identificar aquello que debemos modificar de la misma con la finalidad de alinear el mundo a nuestro sistema de valores. Cuando vemos al mundo desde una perspectiva ética, nos damos cuenta de que el mismo está lleno de injusticias y causas por las cuales vale la pena luchar, situaciones que son un riesgo para nuestro objetivo a largo plazo: crear un mundo mejor. Por este motivo, “ponernos los lentes”, es fundamental, pues es por medio de ellos que formamos una crítica constructiva. Las críticas son un diagnóstico fundamental a partir del cual creamos un camino específico para generar un correcto empalme entre nuestra perspectiva del mundo y el mundo en sí. Es por medio de las críticas que planteamos objetivos, y son los objetivos lo que posteriormente dan forma a nuestras causas.

En el caso de los Macabiim, vemos como realizaron una crítica contra la asimilación que promovían los seléucidas y que tenían como objetivo que todo su imperio se convirtiera en un único pueblo, el helénico. Su crítica, dirigida tanto a los líderes que nos dominaban (externos e internos), fue la raíz de la cual brotó la revolución que llevaría a una nueva era de autonomía judía en la región, único medio para mantener sus identidades firmes.

Así, podemos decir que los Macabiim se pusieron sus lentes únicos, y lograron generar una crítica a partir de la cual constituyeron una causa que sigue siendo inspiradora 2000 años después. Del mismo modo, como líderes debemos ponernos nuestros lentes, y criticar constructivamente a nuestra realidad, a nuestra sociedad, para así dar paso a la formación de las causas. Pero, ¿Qué son las causas? ¿Cuál es su rol en el proceso?

Causa

Las causas son el motor que mueve a toda revolución. Son básicas para que cada líder pueda plantear concretamente sus objetivos, y la forma mediante la cual llegará a realizarlos. Las causas son las banderas que unen al movimiento, generando un puente entre líderes y seguidores/as. Son tanto un núcleo como el pico al que buscamos llegar, son aquello que ordena a nuestras ideas, y se constituye como un pavimento que debe moldear el/la líder, para luego dar paso a un camino al éxito. Las causas, que pueden ser definidas como el conjunto de objetivos que movilizan a un grupo determinado, o a una persona determinada, siendo así, como dice su nombre, la razón del movimiento, son una forma de ordenar a las críticas constructivas de forma metódica y clara, para dar paso a la formalización de un punto de inicio, el ahora, al igual que un punto final, la realidad en la cual el mundo es un lugar mejor por el cambio que realizamos en medio.

Así, podemos ver como las causas son fundamentales para guiar a todo movimiento, al igual que son fundamentales para que cada líder pueda adherir seguidores a su visión, siendo esto una parte fundamental de su tarea, ya que un líder no es nadie sin una gran base de apoyo constituida por sus seguidores, que son líderes a su manera.

Ahora, ¿Cuál fue la causa fundamental que movilizó a los Macabiim? ¿Qué efecto tuvo sobre ellos/as? Los Macabiim, luchaban en contra de la asimilación, y en pro de una mayor autonomía del Pueblo Judío en su tierra histórica. Su causa es una muy similar a la que nos moviliza a muchos/as dentro de la Tnua, es una causa fundamentalmente sionista. En este sentido, podemos hacer un paralelismo que nos ayude a comprender realmente el alcance de las causas, lo primordiales que son. Un punto de unión muy fuerte que llevó a los Macabiim al éxito fue el hecho de que tuvieron una causa clara que podían presentar como bandera. Esta causa, fue el pavimento sobre el cual caminaron los/las líderes, mostrando que eran sueños realizables, y dando así pauta para que sus seguidores caminaran por el mismo camino. Sin su motor, el movimiento no podría haber llegado a ningún lado, por lo cual definir nuestras causas debe ser una tarea fundamental que realicemos, tanto dentro como fuera de nuestras tnuot. En la Familia Hanoar Hatzioni, tenemos causas claras, derivadas de construcciones de ADN, Identidad y de críticas, y nos podemos cuestionar, ¿Qué es aquello que nos falta para formar un liderazgo trascendente?

Construcción del Líder

Hasta ahora nos referimos fundamentalmente a la base ideológica que mueve a cada líder, pero, ¿Qué hace a un líder en la práctica? ¿Qué es aquello que diferencia a un/a líder, de un/a seguidor/a?  Quizás, la respuesta se encuentre en nuestro día a día, en nuestras tnuot. Al fin y al cabo, nuestros movimientos son aceleradores de líderes de todo tipo, ¿Y cómo formamos líderes nosotros/as?

Nuestro proceso se basa en una concepción educativa específica, que es la base de todo un camino que nos lleva a adquirir dos partes fundamentales del/a líder: las habilidades, y las herramientas. Por un lado, la tnua nos enseña miles de prácticas que son fundamentales para liderar, como el ejemplo personal, la comunicación efectiva, y el pionerismo, entre otras. Por otro lado, existen decenas de herramientas que adquirimos directamente (en peulot y encuentros de diversos tipos), como indirectamente (manejo de un grupo, la oratoria, y el trabajo en equipo, etc.) y que nos llevan a ser líderes. Es así como construimos la figura del/a líder, dándole a cada javer/a la oportunidad de adquirir aquellas habilidades y herramientas para desarrollar su propio tipo de liderazgo, y así ser un/a líder trascendental. Esta construcción es parte fundamental del proceso, pues los/las líderes se forman no solamente cuando tienen una causa clara, sino también cuando poseen los medios para transmitirla y aplicarla en la realidad, haciendo que lo que aprendemos en la tnua sea enmarcado en nuestro ideal de hacer de la Tnua una “escuela para la vida”.

Los Macabiim, al igual que nosotros/as, no fueron líderes que se formaron de un día para el otro, sino que atravesaron todo un proceso de construcción de liderazgo vinculado con herramientas y habilidades, al mismo tiempo que con un aprendizaje consciente de las experiencias que atravesaron que los/las llevó al éxito. Los héroes de la historia de Jánuca nos enseñana que la construcción del líder se da gracias a la teoría y a la práctica. Con cada batalla, con cada intento de llevar a sus objetivos a la práctica, tanto mediante los éxitos como mediante los fracasos, se fueron formando como mejores líderes, al igual que nosotros/as, que no debemos temerle a la experimentación como un medio de aprendizaje.  Los/las invito a cuestionarse, ¿Cuál es el paso que debo dar para convertirme en un/a líder? ¿He experimentado el liderazgo? ¿A dónde me ha llevado? ¿Qué aprendizajes me ha traído esta experimentación? Y, fundamentalmente, ¿Qué tipo de líder quiero ser, y dónde busco aplicar mi liderazgo?

Activismo Social

Habiendo sentado las bases del/a líder, vinculadas con una construcción ideológica de las causas y la adquisición de las habilidades y herramientas necesarias mediante la experimentación, nos falta desarrollar la parte práctica de lo que significa ser un/a líder, como medio para comprender de forma holística al liderazgo que buscamos construir dentro de nuestras tnuot. ¿Cómo se desarrolla un liderazgo trascendental en la práctica? A pesar de que no existe un estándar objetivo de liderazgo al que apuntemos, ya que cada líder es distinto, hay un concepto fundamental asociado a esta figura: el Activismo Social.

Por un lado, podemos hablar del Activismo Social como aquella relación que se da cuando logramos empalmar correctamente a nuestros intereses personales con las necesidades de un grupo específico, de modo que es una mentalidad por medio de la cual desarrollamos nuestro liderazgo de forma integral, considerando tanto las necesidades de nuestra sociedad como nuestros intereses personales. Por otro lado, el Activismo Social es una práctica que nos lleva al cambio por medio de una colaboración entre nuestra sociedad y nosotros/as con el fin de alcanzar el cumplimiento de varios sueños compartidos, desarrollando un trabajo en conjunto. Dentro de nuestras tnuot, buscamos generar que ambas concepciones del término se materialicen en una práctica que nos lleve a ser grandes líderes y agentes de cambio. En el marco de la Tnua hemos aprendido que no debemos buscar solamente el altruismo en pro de las necesidades del pueblo, ni tampoco un egoísmo basado solamente en aquello que quiero lograr en mi vida, sino el punto medio, un vínculo sano y activo con nuestra sociedad y nuestras necesidades y deseos, con el fin de contribuir al crecimiento colectivo, al mismo tiempo que logramos cumplir nuestros propios sueños. Es así como el liderazgo que buscamos desarrollar es un liderazgo consciente, por medio del cual activamos siguiendo nuestras propias causas, al mismo tiempo que avanzamos con las causas que mejoren a toda la sociedad en conjunto.

El Activismo Social queda muy en claro cuando lo vinculamos con la existencia de diversos intereses dentro del activismo de los Macabiim. Ciertamente, es probable que haya habido miembros de este grupo que fueron más propensos a buscar un enfoque en contra de la asimilación, mientras que otros buscaban más que nada la autonomía. El Activismo Social llevó a que los grandes líderes de nuestra historia no viesen solamente por sus intereses personales, sino que se basaran también en las necesidades nacionales a la hora de formar un camino hacia el éxito, lo cual derivó en la combinación de diversas causas defendidas por grupos que, actuando en conjunto, fueron más fuertes y pudieron cumplir más de un sueño a la vez. Es así como nuestro liderazgo no debe ser rígido y definido solamente por nuestras causas, sino que debemos colaborar con nuestro ambiente pues, es esta consciencia, esta mentalidad y esta práctica, la que hace a la fuerza.

Éxito y nuevos comienzos

Queda por analizar al último paso en el camino del/a líder. Ya habiendo atravesado un gran proceso de formación que llevó a la construcción de ideales que derivan en causas, habiendo adquirido diversas herramientas que dieron forma al tipo de liderazgo de cada quien, y habiendo actuado a favoe del Activismo Social como medio para alcanzar la realización de varios sueños en conjunto, llegamos al objetivo de cada líder: el éxito. Pero, ¿Cómo logramos hacer este salto? ¿Qué nos lleva al éxito? Ciertamente, no existe un único camino al éxito, aunque la vida sería más fácil con él. El éxito puede adquirirse de diversas maneras, el pavimento no es el mismo para cada camino ni tampoco la forma en que se traza la ruta, pero más de un camino puede llevar al mismo punto, así como puede suceder que ningún camino pueda llegar exactamente al destino que busca. Personalmente, no creo que exista un camino que sea el “correcto”, sino que cada líder ha de ir definiendo su camino mediante la experimentación, pero hay una constante que definitivamente nos llevará al éxito: la pasión.

La pasión es fundamental para cada líder. Un/a líder no defiende sus causas y lucha por ellas a medias, sino que está decidido/a a no rendirse hasta conseguir lo que se propone. Las causas vienen de nuestro núcleo y por eso, renunciar a ellas es renunciar a quienes somos, y eso que tanto motivó a los Macabiim debe motivarnos a nosotros/as también. Alrededor de las causas debemos alimentar a la pasión para que nos lleve a seguir adelante con nuestros objetivos y nos lleve a probar varios caminos para eventualmente encontrar el correcto, aunque parezca difícil de conseguir. La pasión debe venir acompañada por la resiliencia y la moratoria. La resiliencia entendida como la capacidad de enfrentarse a una situación compleja y salir adelante, está profundamente vinculada al crecimiento personal, y fue el valor que nos ha acompañado a través de este año tan difícil. La moratoria, es una característica propia de nuestra tnua que nos da el campo para experimentar sin miedo a un fracaso definitivo, sabiendo que siempre podemos intentar de nuevo, para así hacer las cosas mejor.

Busco expandir este concepto para aplicarlo a la mentalidad del/a líder, quien no debe darse por vencido/a, sino experimentar y buscar siempre ser mejor. Ahora, podemos ver cómo es esta mentalidad la clave para el éxito y para ser líderes trascendentales, pero:

¿Qué pasa cuando llegamos al éxito? ¿Debemos detenernos ahí? La respuesta es no, porque el éxito es tanto un fin como un medio para comenzar de nuevo, e ir a por otro sueño. El éxito debe guiarnos a la hora de plantear nuestras causas y actuar en pro de su realización, pero no puede ser el punto final al que busquemos llegar, pues siempre podemos ir más allá. Como líderes, debemos ver a cada éxito como un gran escalón en camino a la construcción de un mundo mejor, no como aquella instancia donde todo es ya perfecto. Siempre queda campo para mejorar, y no debemos conformarnos con una victoria individual, sino que debemos trabajar constantemente para construir el mañana que visualizamos con nuestros valores, teniendo en todo momento una consciencia social similar a la que defendemos con el Activismo Social. Es este el ideal que movió a los Macabiim, que no dejaron de luchar cuando derrotaron a los seléucidas, sino que, mediante sus descendientes, los Jashmonaim, continuaron buscando construir una realidad mejor, delegándonos la lucha a nosotros/as, que somos quienes cargan sus ideales en este momento.

Nuestro pueblo, mediante la historia de Jánuca, entre otras historias, nos ha delegado una responsabilidad, la responsabilidad de ser líderes que actúen en pro de generar un mundo mejor. Este mismo espíritu es el que tomamos en la tnua como la inspiración para formar nuestro perfil del/a líder, que es un/a líder trascendental, que no busca solamente éxito momentáneo, sino que posee una visión clara basada en una Concepción de Mundo específica. Hoy, es nuestro momento para seguir con una tradición milenaria, que nos lleva a luchar por nuestros ideales, y ser grandes líderes, es momento de continuar con la historia de Jánuca, entendiendo el legado que nos deja en relación con el perfil del/a líder que buscamos construir. Al igual que los Macabiim, debemos identificar nuestro ADN, formar identidades, generar críticas constructivas, construir causas, activar de forma holística, para finalmente llegar al éxito, que será un nuevo comienzo.

Jánuca es un jag que generalmente vinculamos con los milagros, pero esta festividad va mucho más allá de acciones que no dependen de nosotros/as. Jánuca nos demuestra el poder que tenemos para hacer el cambio, el poder de tener causas claras, el poder de un liderazgo efectivo y trascendental. Los Macabiim y los Jashmonaim son ejemplos a seguir pues marcan nuestro camino, y ciertamente estarían muy orgullosos/as de ver su legado en nuestro liderazgo si vivieran hoy en día.

Volviendo a la pregunta inicial, ciertamente las revoluciones no son simples de comenzar, pero comienzan con una persona que tiene iniciativa, comienzan con un/a gran líder.

Es momento de ser esos/as líderes, y luchar por un mundo mejor, para así trascender. ¿Cuál es aquella causa por la cual luchan ustedes? ¿Cómo pueden llevarla del sueño a la realidad? ¿Qué nos enseñan los Macabiim y Jashmonaim respecto al camino al éxito?

Tal y como dijo Harriet Tubman, gran luchadora por el fin de la esclavitud en Estados Unidos: “Todo gran sueño comienza con un gran soñador. Recuerda siempre: tienes en tu interior la fuerza, la paciencia y la pasión para alcanzar las estrellas y cambiar el mundo.”

Seamos aquella chispa que comienza las grandes revoluciones.

Seamos el legado viviente de los Macabiim.

¡Jag Sameaj y Jazak Ve’Ematz!

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