REFLEXIONES SOBRE ROSH HASHANA

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Romi Morales, Mazkirut Olamit Israel

En Rosh Hashana celebramos el comienzo de un nuevo año, pero también festejamos el
cumpleaños del Ser Humano, el cual surgió en la historia, en este día, miles de años atrás.
Según se relata en Bereshit, poco tiempo después de ser creados, el Hombre y la Mujer
cometieron el primero de los pecados al comer del árbol de la sabiduría, el cual les
permitirá desde ese entonces poder distinguir el bien del mal. A causa de este hecho, Dios
expulsa a sus creaturas del Jardín del Edén y desde entonces el ser humano ha tenido que
enfrentarse al mundo, “dominarlo” para sobrevivir. A su favor, por lo menos, tendría el
conocimiento de qué está bien y que no, supuestamente. Mirando para atrás, observando
todo lo que ha sucedido en la historia de la Humanidad me pregunto entonces: ¿cómo
hemos podido ser capaces de cometer tantas atrocidades contra la naturaleza, contra otros
seres humanos, contra nosotros mismos? ¿No era que ahora sabríamos que es “lo bueno” y
“lo malo”?

Cuando estos pensamientos de tinte pesimista vienen a mi mente, me reconforta pensar en
el trabajo que hacemos al educar en la Tnuá. En especial en una época en la cual el centro
de la atención está puesto en el “YO” y en el “AHORA”, admiro que existan alrededor del
mundo madrijim comprometidos con la educación judía, sionista y humanista de otros
jóvenes, y más aún, admiro que toda su dedicación y esmero, toda la inversión de tiempo,
energía y corazón la realicen “hoy”, pensando en el “mañana”.

En mi opinión, esto está profundamente relacionado con Rosh Hashana y los mensajes que
de este jag se desprenden. ¿Por qué? Porque en Rosh Hashana tendemos a hacer
introspección, análisis profundo y valiente de lo que ha sucedido en el año que ha
concluido. Generalmente la luz esta puesta en los errores, en las cosas malas que hemos
hecho, en lo que no salió bien o no como hubiésemos querido. Pero Rosh Hashana no
termina ahí. Podríamos decir que esa es la parte sencilla. Luego de reflexionar, llega la
hora de pensar cómo haremos para que todo aquello de lo que nos arrepentimos, no vuelva
a suceder este año que comienza. En Rosh Hashana hacemos un diagnostico sí, pero
también un plan de acción. Acción que supone cambio. Cambio para bien.

En este contexto, creo que la Tnuá ha asumido una hermosa tarea. La Tnuá es la
institución que desde hace 90 años siembra en el corazón de nuestro janij una semilla de
compromiso que lo empuja a sentirse responsable por nada más y nada menos que la
reparación del mundo (Tikun Olam). Si… suena “ingenuo”, “ideal”, “utópico”, lo sé. Pero
es real, felizmente real. En muchas de mis peulot con janijim, cuando les pregunto “¿para
qué educan, por que invierten tanto esfuerzo en sus actividades dentro de la Tnuá?”, la
respuesta que nunca falta es la que esgrime que “nuestra tarea es formar Seres Humanos
Íntegros para hacer de éste, un mundo mejor.”

Y allí no puedo evitar sentir nuevamente optimismo. Y sonrío pensando, cuán sinceras,
profundas y relevantes son las palabras del Darkenu cuando dice:

“Nuestra fe en el ser humano, en su capacidad de capacitarse, corregir y perfeccionar su
camino, junto a nuestra profunda convicción respecto de la escala de valores de la Tnuá,
son los factores que, en nuestra opinión, nos otorgan el derecho a educar.”

Es cierto, los seres humanos tenemos la capacidad de diferenciar entre el bien y el mal,
pero eso no significa que todos los seres humanos elijan y opten por el bien. Por eso, en
este Rosh Hashana, agradezco a todos los madrijim de la Tnuá, quienes con mucho amor
construyen procesos educativos basados en valores, ideas y principios dignos de
admiración; quienes otorgan a sus janijim incontables herramientas para que estos formen
sus propios caminos en base a este bagaje ético y por sobre todas las cosas, les agradezco
por educar con el ejemplo al mostrar a nuestros janijim que no nos rendimos, que más allá
de tan solo “imaginar”, como diría Lennon, podemos hacer de este un mundo más justo,
más solidario y más unido y que si bien a veces podemos equivocarnos, lo importante es
poder aprender de nuestras vivencias y mejorar. Al final de cuenta, de eso se trata nuestro
pasaje por el mundo: hacer, vivir, aprender, soñar.

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