SOBRE SEXUALIDAD SALUDABLE Y AGRADABLE

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Por: Romi Morales

Cuando hablamos de sexualidad, nos referimos a un aspecto central del ser humano, presente a lo largo de toda la vida que abarca el sexo, las identidades y los roles de género, el erotismo, el placer, la intimidad, la reproducción y la orientación socio afectiva (OSM). Si tenemos como base esta definición, podemos ver como la sexualidad es algo que atraviesa a las personas, teniendo un alto y fuerte impacto en el desarrollo psicosocial de cada una de ellas.

Ahora bien, por diferentes motivos a los cuales no entraremos en este momento[1], la sociedad y junto a ella la mayoría de los agentes educativos formales (escuelas, secundarias, etc.) han decidido no hablar sobre sexualidad con adolescentes, salvo en casos excepcionales como son: a) sexualidad relacionada a embarazo, b) sexualidad asociada a enfermedades de transmisión sexual, y últimamente ingresada en la lista c) sexualidad en relación a casos de violencia sexual y de género. Así es como, generaciones de jóvenes han crecido pensando y sintiendo que la sexualidad es peligrosa, problemática, no supone ningún tipo de disfrute y por ende es algo de lo que hay que huir o bien, acercarse en secreto para no ser condenado por la sociedad. A esta situación, se suma también muchas veces la falta de dialogo, comunicación y enseñanza por parte del primer agente socializador y educativo del sujeto: la familia. Muchas veces por vergüenza, por miedo a dar información no precisa, por temor a quedar expuestos a preguntas personales que puedan alterar muchos supuestos básicos que como adultos hemos creado para entender nuestra sexualidad y las dinámicas que ella implica, o más complejo aún, con la intención de mantener cierto status quo en las relaciones de poder jerárquicas entre padres e hijos y hombres y mujeres en la sociedad, es que las familias cada vez hablan menos sobre sexualidad con sus hijos e hijas.

En este contexto, jóvenes con sed de información, apoyo y contención, buscan respuestas donde les es más fácil y cómodo encontrar y esto, generalmente es, en el mundo virtual. Y allí, lamentablemente, la pornografía y la desinformación reinan y priman, generando en la juventud, muchas presunciones respecto a qué es la sexualidad, cómo se deberían ver los cuerpos para ser considerados atractivos y funcionales, qué es lo que debería de suceder en un acto sexual, cuáles son las expectativas respecto a lo que un hombre y una mujer deben (y no deben) hacer en un acto sexual, entre otras tantas cosas. Y así, miles de jóvenes “entran a la cama”. Con miedo a quedar embarazados, a enfermarse, a lastimar o ser lastimados. Con confusión, con presiones, con expectativas sociales irreales. Así es como en el acto sexual acotado (la relación sexual propiamente dicha), hay sujetos y un millón de voces que los acompañan y empujan a vivir esa vivencia como “la sociedad manda”.

Y aquí las cosas se complejizan aún más, porque la sociedad “manda” cosas diferentes a hombres y mujeres y la brecha entre las expectativas, deseos y necesidades de cada uno a nivel personal, con las expectativas, deseos y necesidades sociales es abismal y parecería prácticamente imposible acortarla lo suficiente para que, en ese acto, las personas involucradas se sientan seguras, cómodas y felices.

El lugar de la Tnua en lo que respecta a la educación sexual de janijim y janijot

En este contexto, cabe la pregunta: ¿cuál es el lugar de la Tnua en relación al tema de sexualidad? ¿Deberíamos de dedicar recursos (tiempo, energía, espacio, etc.) para capacitarnos, aprender sobre el tema y educar sobre esto en el ámbito Tnuati? La respuesta es evidente: ¡sí! En primer lugar, debemos aprender y educar sobre este tema porque sexualidad es un tema de interés central para la población con la que trabajamos. En segundo lugar, debemos asumir responsabilidad porque no hay otro agente educativo en este momento que lo haya hecho con la sensibilidad, seriedad y profesionalismo que el tema amerita y nuestra juventud se merece una educación de calidad, también sobre este tema. En tercer lugar, debemos enseñar sobre sexualidad saludable y agradable en la Tnua porque la Tnua es escuela para la vida y porque queremos que tanto janijim y janijot adquieran las herramientas necesarias y suficientes para saber construir y mantener vínculos saludables con la gente que los y las rodean. En cuarto lugar, y no menos importante, es nuestro deber ser pioneros en estos temas, porque la ignorancia, el miedo y la desinformación de la juventud hoy en lo que respecta a sexualidad está generando muchos daños y, como bien sabemos, un ser humano que esta (pre)ocupado en curar sus heridas (físicas, emocionales, psicológicas, etc.) no está disponible para aprender o para ser parte activa de ningún proceso educativo ya sea en el corto, mediano o largo plazo. Así es como, ya sea por uno de estos motivos, algunos, todos u otros que no han sido mencionados, como institución educativa central socia en los procesos de formación y consolidación de la identidad de nuestra juventud, debemos asumir la noble tarea de educar ética, holística y respetuosamente, sí: sobre sexualidad, también.

Sexualidad saludable y agradable

Sexualidad saludable y agradable es aquella que se sostiene sobre una canasta de valores éticos y morales principales, como son: el amor, la escucha interior, la amistad, el conocimiento, la atracción, la voluntad, el disfrute, la seguridad, la paulatinidad, entre otros. Si bien todos estos valores son importantes, pueden no estar todos presentes y aun así estaríamos hablando de una relación sexual saludable y agradable. Sin embargo, hay 4 valores que, si alguno de ellos faltase, la relación nunca podría ser considerada de este modo. Estos valores pilares son: la aceptación libre, la reciprocidad, la comunicación y la confianza.

Acuerdo libre

Acuerdo libre hay cuando las personas que intervienen en el acto sexual no sienten presión de ningún tipo, no han sido manipulados emocionalmente y/o chantajeados y tanto el “si” como el “no” de ambas partes vale lo mismo y es respetado de igual manera.[2]

Al leer la definición oficial, parecería que está todo muy claro, sin embargo, cuando nos trasladamos a la vida cotidiana, con personas de carne y hueso, las cosas no siempre son tan sencillas.

Tal vez en este punto, también sea importante mencionar que no siempre que existe acuerdo libre o consentimiento, éste está acompañado de ganas o voluntad. Muchas veces, las personas acceden a realizar ciertas acciones por miedo, por chantaje emocional/físico/material, por lastima, etc. Si bien cada persona puede decidir sobre su cuerpo y ponderar los motivos por los cuales accede a realizar ciertas acciones o no en el marco de una relación, si creemos que es importante señalar que en el marco de un vínculo saludable y agradable, el motor que motiva la acción son sensaciones amenas, felices y no al revés. Preguntar a la persona que tengo en frente no solo si está dispuesta a hacer ciertas cosas en el marco de la relación, sino también si así lo quiere, si eso es lo que desea, si eso le hará sentir feliz y cómoda, son preguntas importantes en cualquier vínculo saludable y nunca están de más. En otras palabras y para resumir, en una relación saludable y agradable el libre acuerdo debería estar basado en la voluntad de las personas también.

A continuación, nos explayaremos sobre los otros tres conceptos que sostienen y fortalecen al libre acuerdo.

Reciprocidad

El concepto de reciprocidad es un concepto muy complejo, pero en el marco de este texto, diremos que, a grandes rasgos, el mismo puede significar dar y recibir dentro de un vínculo en la misma proporción y con el mismo sentido o intención. Esto quiere decir que, a diferencia de lo que el sentido común nos diría, si en cierta ocasión una de las partes hizo una acción determinada (habiendo obtenido el consentimiento de la otra persona previamente), eso no significa que la otra persona tenga que hacer exactamente lo mismo para demostrar su compromiso, aprecio o la importancia que le otorga a dicho vinculo. De ser así, no estaríamos hablando de reciprocidad, estaríamos hablando de chantaje y esas son cosas naturalmente distintas.

En este sentido, la proporción, el sentido y la intención aparecen como elementos fundamentales que muestran que la base de la reciprocidad no está en la igualdad, sino más bien en la equidad y la valoración que hacen ambas partes del aporte único y especial que realizan los involucrados en el vínculo.

Ahora bien, para que pueda existir reciprocidad, necesariamente las partes deben sentirse cómodas, libres y seguras de poder plantear sus emociones, sensaciones, sentimientos, ideas y opiniones en lo que respecta a la relación y todo lo que esta supone. Para ello, es fundamental que exista una buena comunicación.

Comunicación

La comunicación es una de las herramientas más importantes con la que contamos los seres humanos a la hora de establecer vínculos. Muchas veces el tipo de comunicación que utilicemos (agresiva, pasiva, asertiva) determinará la calidad de la relación. Claro está que en el marco de una relación saludable y agradable el tipo de comunicación ultimativa es la asertiva. Es decir, una comunicación en la que se respetan los derechos de quienes forman parte del vínculo de igual manera; en la que las partes sienten comodidad a la hora de expresar ideas y emociones y lo hacen de manera directa, honesta, empática y respetuosa; una comunicación en la que ninguna de las partes olvida pedir lo que necesita sin anular las necesidades del otro; una comunicación en la que las partes no se sienten culpables o juzgadas a la hora de expresar sus sentimientos; una comunicación firme, tranquila y segura y en la que las situaciones de conflicto son enfrentadas de manera constructiva.

Cierto es que muchas veces la comunicación asertiva es posible gracias a los componentes personales que tienen las personas. Generalmente las personas que logran comunicarse asertivamente son personas auténticas, valientes, compasivas, buscan el bien común, dominan sus egos, se aman a sí mismas, son emocionalmente inteligentes, trabajan en mejorar sus habilidades de comunicación, mantienen una mente abierta y saben escuchar. Sin embargo, también es verdad que personas que no cuentan con todos estos recursos pueden desarrollarlos si dentro del vínculo este tipo de comunicación es establecido como norma. Para que esto sea posible, es necesario que aparezca un elemento más: la confianza.

Confianza

La confianza es el sentimiento de seguridad que tiene una persona respecto a que otra persona o una acción se comportará de la manera que espera. Así es como este concepto en realidad está basado en uno mucho más primario que es el de la seguridad y esto no es casual y mucho menos cuando hablamos de una relación saludable y agradable.

Somos seres sociales. Necesitamos del otro para conocer el mundo, para crecer, desarrollarnos y mejorar. El contacto con el otro sin lugar a dudas es importante y trae aparejado consigo muchos beneficios. Sin embargo, al mismo tiempo, el contacto con el otro a veces puede traer aparejadas dudas y miedos muy profundos. Esto se debe a que cuando decidimos conectarnos con otras personas, estamos decidiendo abrir y compartir nuestro mundo (exterior e interior) y eso nos deja en una situación de indiscutida vulnerabilidad. ¿Cómo saber que lo que he de compartir no será luego utilizado en mi contra? Lo cierto es que no lo sabemos, por eso confiamos o necesitamos confiar.

La confianza es uno de los sentimientos más difíciles de ganar y uno de los más sencillos de perder. La confianza se construye y solidifica con el tiempo, a través de múltiples acciones que realizan las partes que conforman el vínculo para mostrarse entre sí que pueden estar y ser dentro de esa relación, de manera segura. La confianza trae la seguridad necesaria para que las partes puedan mostrarse tal como son, sin culpa, sin vergüenza, sin miedo; permite a las partes comunicar sus debilidades, sus puntos débiles y desde allí comenzar a crecer y superarse constantemente, la confianza es lo que garantiza que exista la seguridad suficiente como para poner límites, habilitar y posibilitar cuando es pertinente en base a las necesidades, tiempos y deseos de las partes.

La confianza es lo que facilita que una relación pueda ser saludable y agradable de ahí que sea tan necesario cuidarla y cultivarla.

A modo de cierre

Sin lugar a dudas, el tema de sexualidad en general y sexualidad saludable y agradable en particular, es muy amplio. Este articulo pretende resumir a grandes rasgos los puntos centrales que hemos aprendido en el marco del segundo encuentro del SMO2020 y algunas reflexiones que surgieron a partir del mismo.

El tema requiere de mayor profundización, análisis, trabajo y por sobre todo la creación de procesos educativos holísticos que permitan a nuestros javerim y javerot internalizar los principios fundamentales que caracterizan y sostienen a los vínculos saludables y agradables.

Por último, pero no por eso menos importante, cabe recalcar que si bien en este articulo el eje central estuvo puesto en el tema de la sexualidad; los valores, ideas y principios que se presentaron a lo largo de este texto son relevantes para cualquier relación interhumana y hacia allí debemos dirigir nuestros esfuerzos si es que queremos garantizar un espacio Tnuati mas seguro y una sociedad menos violenta y mucho más integra.


[1] A grandes rasgos, diremos que hay dos perspectivas antagónicas principales a la hora de interpelar a la sexualidad en nuestras sociedades: a) Sexualidad como algo “sagrado” y por ende, reservado para ciertos momentos de la vida y con fines muy específicos (luego de casarse y para fines reproductores, por ejemplo) o b) Sexualidad como algo “sucio”, de lo cual es mejor alejarse y abstenerse, incluso a nivel de discurso, con el fin de evitar que las personas sientan interés o curiosidad por explorar este área.

[2] Por este motivo, personas bajo los efectos de alcohol o drogas, generalmente no pueden acordar libremente acceder a un acto sexual, pues sus facultades se ven afectadas por estas sustancias.

Así mismo, vale la pena mencionar que menores y personas con discapacidad, cuando no cuentan con la madurez emocional, psicológica y/o física para entender las consecuencias de un acto sexual, no pueden dar acuerdo libre. En esta línea, es importante resaltar que tampoco hay acuerdo libre entre personas que se encuentran en una estrecha relación de poder (madrij/janij- rosh hanaga/Tzevet, etc.) o en relación de cuidado.

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