UN DÍA EN QUE LA NACIÓN MEDITA

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A.D.Gordon

Me pregunto a mí mismo y medito aún sobre si hay alguien a quien se pueda preguntar:
¿qué es Iom Kipur para nosotros, para aquellos que no observamos las formas religiosas?
La nación destinó un día a meditar sobre ella como nación; destinó un día para sus hijos,
un día para la contemplación del ser en sí mismo, y como miembros de un pueblo
definido, para sopesar los valores de la vida, para la completa devoción a las más elevadas
demandas del espíritu de humanidad. Asuntos y consideraciones personales cesaban:
oraciones y súplicas por la subsistencia son pocas en Iom Kipur y Rosh Hashaná.
Importantes asuntos y serias consideraciones eran incluidas en el orden del día: asuntos de
significación nacional, humana y universal.

Las divisiones entre los individuos eran interrumpidas, el retiro de cada persona dentro de
su propia esfera de interés, detenido. Todos los individuos se sentían partes de un único y
sublime organismo, una única nación. Como unidades de una exaltada personalidad,
llegaban a tomar parte de sí mismos, con sus vidas, y con su mundo. La personalidad
individual, la unidad, crecía y se elevaba a más altos niveles con el crecimiento de la
personalidad exaltada, resultado del crecimiento de las unidades. Aquí está el meollo de la
cuestión: el individuo como un individuo puede tomar control de sí mismo todos los días o
cada día que se sienta dispuesto. Pero como en cada acto nacional, especialmente uno de
carácter religioso y nacional, la fortaleza es importante, la fortaleza que crece cuando las
personalidades individuales se reúnen juntas.

La luz que baña esa personalidad a causa de la completitud de la luz en la personalidad
exaltada es significante también. Igualmente, la elevada melodía que es impartida a la voz
individual cuando se fusiona en el mar de voces componiendo el coro cósmico, sublime y
humano. No me estoy preguntando sobre el origen de Iom Kipur o su forma antaño. No
pregunto sobre si la mayor parte de la nación veía a Iom Kipur desde este punto de vista
en las generaciones que nos precedieron o si lo considera en esta luz hoy. Enfrentándome
hay un hecho y una posibilidad. El hecho es que durante muchas generaciones era un día
en que la nación entera dedicaba al arrepentimiento, a la oración, al culto que emana del
corazón. Fue posible para el hombre espiritual de la nación hacer su reconocimiento
elevado.

Pregunto nuevamente ¿cuál es el significado de este día para nosotros, para aquellos que
no observamos las formas de su religión? Pregunto: ¿es este día para nosotros solamente un
legado del pasado, un remanente de antaño? ¿No necesitamos realmente de este día, en su
expresión nacional? Si el día cesa de ser lo que es, y se convierte en un día normal como el
resto de los días, ¿no supondrá eso una gran pérdida nacional y humana, una declinación
que no implicará una elevación para nosotros, para todos nosotros, hijos de esta nación?
Mientras permanecíamos encerrados entre paredes, desgarrados y desconectados de la
gran vida del mundo, del hombre, y de su amplia y abundante vida, tomamos lo que
nuestros ancestros nos legaron. Teníamos fe en eso; dimos nuestras vidas por ello.

Cuando las paredes del gueto cayeron, cuando vimos el mundo y todo lo que hay a nuestro
alcance, cuando conocimos al hombre y su vida, cuando recibimos con todo esto lo que
otros nos dieron, comprendimos que las tradiciones de nuestros padres no armonizaban
con aquellas que crecieron y se desarrollaron dentro nuestro.

¿Comenzamos a investigar esto en alguna medida? ¿Intentamos analizar completamente,
estudiar profundamente la pregunta: qué es lo que realmente se convirtió en anticuado,
inadecuado; qué pasó a ser inútil o decaído? Y en el análisis final, acaso nos preguntamos:
¿qué fue oscurecido y obliterado solamente en forma, mientras su esencia continúa
buscando un espacio más adecuado, una forma más noble, porque está vivo, fresco, y sólo
aspira a una elevada regeneración?

Durante todo nuestro largo exilio existimos en la fuerza de nuestra religión; no sólo
existimos sino también surgimos y fuimos sostenidos en numerosas ocasiones por su poder.
Gracias a su fortaleza hemos vivido, heroicamente a menudo. ¿Es posible, puede la mente
contemplar la posibilidad de que tal condición sea creada meramente a partir de las
sutilezas de la imaginación? ¿A partir de las divagaciones de un alma ignorante y carente
de cualquier centro vivo y fundamental? ¿Fue la idea aceptada suficientemente examinada
y críticamente analizada – fue lo suficientemente fundada en la lógica y en el espíritu
humano – para que con la pérdida de las bases de la fe ciega siga también la pérdida de la
base de la religión?

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